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Compañera
Lo
nuestro siempre tuvo piel de primavera y primaveras que
podíamos repetirlas textualmente en cada sueño. No
faltó un puente o un túnel guardador de cercanías
para vernos en las miradas: yo, en la
sonrisa de tu mirada, en el claro olor de tu
mirada.
¡Cuánto tiempo ha pasado de este tiempo insepulto!, y
se me hace difícil creer que hicimos una pausa, que
todo lo guardamos en un paréntesis que resultó
rebosante de complicidad, a sabiendas que nos
esperaría de retorno cuando menos lo pensáramos,
como hoy...
En este
punto, no es que quiera convocar a nuestras pocas
inocencias ni a la luz de la lejana estrella. Tan solo a
la luz.
Cuando todo parecía profecía no cumplida, te imaginé
tremolando de deseo en una casita de chonta y de bihau.
Te llamé una madrugada: “ ea…., compañera, es hora
de labranza”. Pero nadie contestó. Habías partido. Sólo
la voz de los pájaros, y el río, y...
En fin, fumemos.
Este reencuentro tiene tal hambre que solo aspira a
provocarse una creciente hartura. Estoy queriendo
decirle a tu mar que se lleve mis arenas. Estoy
queriendo vivir contigo... ¡compañera!
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