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“Puede
ser una página de metal, o al mismo tiempo el
implemento para burilarla. Pulir la piedra, para
convertirla en cristal, no es cuestión de magia o
atributo de magos.
Los
versos, poesía, salvan la angustia del silencio,
con una sonoridad de pájaros en primavera.
Vicente Hidalgo Rodríguez, me ha consentido el
honor de entrar a una parcela de su alma templada,
tensa, donde el pensamiento se traslada a
velocidades increíbles. Define cada cosa y le
devuelve la nitidez de las arrugas al Tiempo, poniéndolas
en su exacto lugar. El genio así es un poderoso
elemento que –en otras esferas- ya tentó la
vacuidad histórica para convertir en
“Delirio” supremo la sensibilidad del Ser
sobre la tierra.
Me
viene en ganas pensar cómo se sentiría Charles
Baudelaire en su podio de tristeza y transparencia:
en su deseo de perfectibilidad que nunca alcanzó.
Cómo en el pasado se acomodaría Valéry, con su
técnica depurada hasta el conflicto vesperal del
canto. Y quién sabe, Miguel Hernández, recordaría
que es necesario buscarle sitio a la palabra
(dolor) para descuartizar la vulgaridad de la
expresión; una y cuantas veces fuera necesario.
Esa
es la clave…Trabajar el poema, echarle sangre,
toda vez que el alma del poeta se colma en
contemplaciones y esteriliza el mundo material en
un latido permanente…”
Alfredo Jaramillo Andrade
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