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Pra
ti solita
La tierra, como lo dijo Galileo, iba alrededor del sol
mientras yo te buscaba entre sombras y penumbras. Casi
naufrago desamorando el encanto de supuestas playas con
mis equivocadas velas. Te había llamado en silencio el
instante en que una caravana de nubes irrumpió en el
auditorio de la lluvia. Te seguí buscando a lo largo de
la calle que atraviesa mis sentidos, y pasé por el
taller del anticuario indagando si existían hormas que
se adapten al deseo.
Casi me pierdo en una esquina porque pensé que era tu
orilla y faltó la barcarola que te acerque. Hasta le
averigüé de ti a un mendigo como yo, y terminé remedándole
a la vida con
un eco ajeno.
Pero aquí estás para descartar la idea que me hacía
incrédulo. Y es que ya no creía que “sin embargo se
mueva”, si hasta aquí no se había movido aquel paréntesis
de vida que en tu pasado tenía visos de perjurio.
En adelante, no será un requisito amar con molde humano
ni lograrlo con la fórmula del mundo. Se precisa un
escenario como para Monteses y Capuletos *. ¡Allí la
clave!: adolecer de ansiedad ansiada para que, con la
ebullición de los sentidos, pueda ofrendar un
holocausto en versos a mi musa: TU
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